
Los Wichis o Matacos, ubicados
al norte de la provincia de Salta, en los Departamentos San Martín y Rivadavia son
uno de los pueblos aborígenes numéricamente mayoritario junto a los Chiriguanos
o Avas Guaraníes, que habitan el
suelo argentino.
Esta etnia en el periodo prehispánico,
habitaban en la zona del Gran Chaco y eran fundamentalmente
cazadores-recolectores, con alguna práctica agrícola precaria. Sus campamentos
se localizaban en la vecindad de los ríos Bermejo y Pilcomayo donde hasta ahora
se encuentran asentadas numerosas Comunidades.
Ellos pertenecen a la familia lingüística
Mataco- Mataguayo, la que junto a los Guaycurú son reconocidos como "Chaqueños
o chaquenses típicos". Pertenecen a la familia de los Matacos - mataguayos,
según unos, o Mataco-maccá según otros: los Matacos, los Chorotís, los Ashluslay
y Maccáes. Según Imbelloni, también los Noctenes, Vejoces y Mataguayos. En la
actualidad en Tartagal como en toda la provincia de Salta a falta de estudios
étnicos y linguísticos, sólo se diferencian étnicamente dos grupos: matacos y
chorotes.
Este pueblo acondicionaba su
economía al medio en que habitaban: el monte chaqueño, siendo sus principales actividades la recolección
de frutos silvestres, la caza y la pesca. Hoy debido a la depredación y en algunos
lugares la casi total desaparición del bosque están viviendo profundos y
vertiginosos cambios en su cultura. Como consecuencia de la crisis económica
que sufrió Argentina el año 2001 se crearon los Programas de Subsidios a los
cuales se incorporó un alto porcentaje de población aborigen, llevada de este
modo a una economía de tipo monetaria.
Estos cambios en su
modo de vida, y las consecuencias que los mismos generarán, infelizmente no
están siendo estudiados por ninguna institución social ni académica.
Pero
es a las primeras décadas del siglo XX (1910 - 1930), cuando recién comenzaba
Tartagal a organizarse como pueblo urbano y en consecuencia a tener contacto
permanente con los aborígenes de la zona, al que quiero referirme en esta nota.
Por aquel tiempo apareció en la zona un poblador, don Julio Andrés Ferreyra que
se aficionó al estudio y defensa de los grupos indígenas, lucha y difusión de
la cultura mataca particularmente que mantuvo hasta la hora de su muerte en 1965. A el pertenecen las
fotografías históricas (blanco y negro) que ilustran la nota.
El Ciclo Anual en la
Cultura Wichí
EL
CALENDARIO DE LAS CUATRO LUNAS
La recolección de los frutos (algarroba, el
chañar, el molle, la tusca, frutos de tuna, porotos del monte, tasi, como
también diversas raíces y cogollos de palmeras) era la principal actividad de
los Matacos, pero de entre todos la ALGARROBA (fwaiuk) que maduraba
de noviembre a
febrero era el más importante. El árbol del Algarrobo era el Padre
del Monte y del mataco, no sólo porque les proveía de alimento en tiempo de
abundancia y de escasez, para cuando era
almacenada en trojas, sino que de sus frutos hacían la bebida ritual que
bebían en abundancia en las ceremonias comunales que organizaban para ese
tiempo.
La labor de recolección estaba a cargo de las
mujeres, quienes partían por la mañana en pequeños grupos, se dedicaban a la
exploración sistemática y por sectores de los alrededores de la toldería, de
modo que en el término de un mes hubieren recorrido los cuatro puntos cardinales
hasta una jornada de distancia, a partir del lugar donde estaba su campamento.
OKÄ NEK´CHIAM, en la lengua de los Wichis Matacos, significa el
comienzo de un Nuevo Año, el fin e inicio de un nuevo ciclo natural.
Los Wichí dividían en ciclo anual en dos
grandes estaciones: la estación seca y la estación de las lluvias, que en
hábitad natural, el monte chaqueño se observaba con la disponibilidad o no de
los alimentos. Las dos estaciones son:
Fwiyetil, la época
seca, cuando escasean los alimentos y Yachup, la época de la abundancia en el
Almacén de Dios, en el monte, en el río.
Las
dos Lunas de la estación secas que son:
-
WELÁ FWIYETIL o Luna de las Heladas. Es la Luna hecha de sombras,
fría y oscura, tiempo de muerte y vejez. Pero si miramos su otra cara, vemos
que es el tiempo que reúne al grupo familiar en torno del fuego, el tiempo que
los abuelos narran a los nietos los cuentos y mitos, cuando chicos y grandes
disfrutan y ríen escuchando las gastadas historias del zorro y las renovadas picardías
de Tokwaj, ese loco pillo inventor que da vueltas y deshace las cosas que
Nilataj, la Luz buena, potencia positiva
va creando en el mundo mataco.
-
WELAS TA NAWUP o Luna de las Flores. Para los matacos, okä
nek´chiam, se iniciaba con ella. Ella señala el tiempo donde comienza a
percibirse la regeneración de la tierra, suceso que en el hemisferio sur
comienza con el solsticio de invierno (entre el 21 y el 24 de Junio) cuando la luz
comienza a crecer sobre esta parte del mundo, trayendo la regeneración de la vida. Vida que resurge
para la especie vegetal desde el silencioso trabajo del laboratorio de las
raíces que a partir de aquí reinician su ciclo.
Es lo que nosotros llamamos Primavera, es el
tiempo cuando aún no hay alimentos, pero la regeneración del bosque de a poco
va haciéndose visible en las primeras flores, en el canto de los pájaros que ya
se deja oír luego del largo sueño del invierno. A lo lejos por las noches se
escuchan los cantos al son del tamborcito del pim pim. Son cantos dirigidos a la Madre Lluvia,
plegarias que se elevan para que caiga sobre el monte seco. ¡Danos Señora,
Madre Llorona tus aguas para tener frutos abundante!...
Pero es sólo después de la primera Gran Lluvia
cuando la cíclica regeneración se hace visible. La bendición del cielo ha
lavado el follaje seco y polvoriento de los árboles, ha provisto a las raíces
de su sustancial alimento, el agua. Es entonces un primor ver el primer verde
de la primavera. Los
bosques estrenan su nuevo y reluciente traje de verde fresco. Los pájaros
colman el monte con sus trinos. Aparecen las flores colmadas de polen que viaja
en las alas del viento y de las abejas. Pronto habrá miel y frutos en abundancia
y carne fresca y peces en el río... ¡Celebremos se renueva la Vida!...
En
Yachup,
la época de la abundancia del tiempo de los frutos, se diferencian estas dos
Lunas:
WELA TA YACHUP, la Luna de la Algarroba y
WELÁ TA LUP, la Luna de las Cosechas.
WELA TA YACHUP, la Luna de la Algarroba
Por la importancia que tenía la Luna de la
Algarroba me detengo un poco en ella.
Las plegarias y los cantos han sido escuchadas por la Madre Lluvia y ella
ha derramado sus alforjas cargadas de agua. Ahora está lista la miel para ser
recolectada por el mejor meleador, Siwok el hombre-pájaro, o Pájaro Carpintero. Los frutos, la algarroba
está madura en el monte. Hay animalitos de caza, carne fresca y el río está
lleno de peces. Hay mucha alegría en la gente. Ha vuelto la abundancia. Es
tiempo de fiesta, de algarabía... Época de ceremonias, hay que renovar el pacto
de la alianza con la vida, con la Madre Tierra que ofrece al hombre el fruto de su
vientre...
Se buscaba entonces un árbol de yuchán panzudo,
se lo ahuecaba y allí se hacía fermentar las vainas de algarroba madura que han
sido antes bien machacadas. Para que fermente bien los matacos y chorotes
entonaban cantos especiales como uno que hasta ahora conserva una comunidad en
Tartagal, el "chas chas"... con las sonajas y el canto, imitaban el sonido de las
vainas que se iban machacando... así todas las noches el grupo se reunía bajo la
luna, y danzaba y cantaba alrededor del yuchán donde se fermentaba la aloja.
Cuando estaba lista, se la destapaba y se
invitaba con el sonido de tambores a las comunidades vecinas y se hacía
entonces la Gran
Reunión. Era la época del canto, danza y amores bajo la luna espejada
en el río Pilcomayo, que atraviesa la llanura chaqueña... Era el tiempo cuando el
río estaba lleno de peces que sacaban los hombres con sus redes tijeras,
utilizando para ello las técnicas y observando las normas enseñadas por Tokwaj aquella
vez que hizo desatar la ira de Nilataj y cuando en castigo por la desobediencia
partió el yuchán que tenía las aguas escondidas en su barriga y formó el tewok
Pilcomayo.
Tiempo de celebración de la vida. Canto. Danza.
Baile. Alegría... que hoy son cenizas tibias en el recuerdo del pueblo Wichi Mataco.
Hoy ya no quedan casi
algarrobos y la chicha y la aloja han sido reemplazados por el alcohol, el canto
del pim pim, el baile nativo por la cumbia, y los mensajes de los tambores por
los celulares que usan los dirigentes que ha encumbrado el poder político para
poder manejarlos. Los wichis matacos han entrado sin dudas en el último tramo
de un camino sin retorno... En la provincia de Salta el modelo neoliberal
aplicado desde hace más de una década por el Gobernador Juan Carlos Romero,
compañero de fórmula de Menem en la última campaña electoral, necesita lo que
queda de los territorios indígenas para que las empresas petroleras y sojeras
exploten sus recursos naturales.
Tal vez por eso hoy tenga
tanta importancia volver los ojos a un pasado no tan lejano y rescatar de la
propia voz de sus portadores su historia, sus mitos, cuentos y relatos. Compartir
un día una noche con ellos, sigue siendo aún en estas circunstancias una
experiencia maravillosa porque aún puedo
mirar en sus ojos ese ayer cuando fermentaban la aloja en la barriga de un
yuchán...
Marta
Juarez
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