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CERAMICA
"Esta es considerada como de mayor valor de todo el país por sus
características de tradición indígena en materiales, tratamientos,
técnicas, acabado, diseños y decoración, tanto en sus piezas útiles
como en las distintas para sus comercialización"
Tienen una elaboración muy particular distinguiéndose en
sobremanera de las de Campo Durán y otras etnias, utilizando con
preferencia para la facturación, la arcilla roja de Campo Durán. Esta
se extrae mediante pala o pico u otra herramienta. En otras zonas la
dificultad de obtención o su no existencia impide el desarrollo de esta
artesanía, como es el caso de Yacuy (etnia chiriguana).
La arcilla se presenta en forma de gruesos panes o terrones que
antes de extraerlos limpian el terreno para que ésta no se ensucie con
otros residuos naturales. Se deja reposar la arcilla a la intemperie
para su hidratación. Una vez seca la arcilla, se procede a la limpieza
y quite de piedrecillas u otras impurezas. Con el fin de no
desperdiciar el material se muele lo necesario, cerniendo el polvo en
el "urupe" cedazo de palza.
"Luego poco a poco se le va incorporando agua, mientras las manos
van detectando y eliminando todos los grumos. Conformada así una masa o
bola cuya lenta operación de manipuleo va otorgando al material la
plasticidad necesaria.
La arcilla cruda que es de alta plasticidad y fácil modelado
presenta no obstante algunos inconvenientes como el ser demasiado
pegajosa, adherirse a las manos, carecer de resistencia y correr el
riesgo de deformación de la pieza por el propio peso. Como consecuencia
de ello se debe adicionar a la arcilla otra sustancia de menos
plasticidad".
Es frecuente ver a mujeres aborígenes solicitar en los domicilios
tiestos o tejas rotas. Molido y cernido el polvo mezclan mojado a la
anterior maza. Nuevamente amasada hasta que ambas mezclas tengan la
total distribución. Esto se hace con el fin de facilitar la desecación,
y evitar el agrietamiento durante la cocción.
"Para utencillos grandes se procede a achatar una bola de pasta
sobre una tablilla, obteniéndose una placa de forma circular que
formará la base de la futura pieza. Luego se amasan chorizos o rollos
de pasta que son aplicados en trozos aplastados de regular tamaño y que
se van superponiendo por enrollamiento anular"
En la manufacturación de una pieza sin boca acostumbran hacerle un
agujero o abertura tipo alcancía para ésta durante la cocción no se
reviente.
Realizado el pulido correspondiente a la adhesión de otras
figurillas (oreja, aros, etc.) se las ambienta al sol para su secado
más rápido y cuyo tiempo no debe exceder continuando luego varios días
en la sombra para que la eliminación de la humedad sea lenta. Antes de
ser acrisolada en el fuego la pieza es pintada con tonalidades
naturales extraídas de piedras de colores, raíces, hojas, flores,
frutos, cortezas, etc., realizándose el secado en la sombra.
Una vez bien secada la pieza se procede a preparar el cocimiento el
cual el estado de tiempo, es muy importante: no debe estar nublado ni
haber viento porque esto malograría el trabajo.
Preparando el fogón, en lo posible rectangular, y cercado de
piedras o ladrillos se apoya una parrilla de hierro donde se colocan
las piezas; el fuego debe contener leña seca y contenedora de mucha
caloría y duración, entremezclada con estiércol corralero; el fuego
debe ser parejo de manera que cubra o abrase toda la pieza y bajo una
estricta vigilancia por parte del alfarero.
En el fuego toma un color algo negruzco en el término de treinta o cuarenta minutos, tornando lentamente un rojizo brasa.
Retirada del fuego se la coloca en el suelo seco para su
enfriamiento (de haber humedad se corre el riesgo de reventar o
agrietar la pieza).
Es justicia recordar en esta obra a Luisa Pereyra como una de las
más prestigiosas artesanas, tanto en cerámica cocida como en tejido de
fibras vegetales y cestería, legando a las generaciones de Yuyunti el
arte y el alma de estas creatividades y de gran riqueza natura.
Laura centeno, Ramona Chamamare, Asunta Macho, Sergio Rojas,
Demetrio Mendoza, Martín Segundo, Pascuala, Centeno, Filomena Arroyo,
Francisco Chávez, y más, remozan su tradición.
Letizia Pérez, Juana
Yapari, Catalina Segundo, Bernabé y Rafael Díaz, todos ellos de Campo
Durán, prestigian en gran manera la artesanía chané. Y muchos otros que
en el verde silencio de los cerros o llanuras logran transformar en
obras de arte lo agreste en lo pleno de vida.
MASCARAS
Es ella el objetivo exteriorización del horizonte mítico-religioso
en todos los pueblos etnográficos donde aparece, perteneciendo como
toda manifestación de sus culturas al campo de lo sagrado-ritual.
En los chané se conserva como vívida expresión de la realidad total
imagen-objeto siendo la máscara (aña aña) consustancial con el ser que
representa. Por ende, el enmascarado no la usa para mudar
alegóricamente su aspecto personal o para representar a una deidad,
sino que al portarla se transfigura convirtiéndose el espíritu o deidad
actuante o presente.
"Dicen que en una ocasión Tumpa (o el "verdadero padre" o "Rey",
"Jesús") y Aña (también Añagaguasu, Añai, el enemigo, el diablo o
"payé") mantuvieron una competencia para ver quién aguantaba mejor las
inclemencias del tiempo o las fuerzas de la naturaleza. Ambos
soportaron el calor (o el fuego) y el frío, pero Aña no pudo tolerar el
agua. Por obra y gracia de Tumpa, Aña fue salvado pero encerrado en el
cálido estomago del Samou o "palo borracho" de donde sale una vez al
año"
Es por ello que cuando las algarrobas maduran entre
la estridencia de los coyuyos y el amarillo taperigua, es porque ha
llegado el tiempo de liberar a Aña del encierro y convertirlo en
máscara para el rito agrario.
A este efecto, dos semanas antes a la celebración se confeccionan las
máscaras con madera de palo borracho que tallan en verde, y ya seca la
decoran con colores de tinturas naturales y plumas.
"Las máscaras de madera de características antropomórficas y
zoomorgicas son planas y se esculpen en madera de palo borracho. Se
pintan frecuentemente sobre un plano blanco y están enmarcadas con una
guarda de plumas de color negro. En la parte superior se le adosa un
rectángulo, también de madera, con dibujos en bajo relieve o calados
que representan figuras de animales, plantas, humanas"
Para ser portadas en la cabeza contienen varios sustentadores.
Antes de colocarse la máscara la persona se cubre la cabeza con trapos
viejos, dejando libre los orificios de la boca, nariz y ojos. Una vez
preparado el casquete se coloca la máscara, ornamentándose,
graciosamente con vestiduras viejas y rotosas.
Según la función ritual se utilizan las máscaras. Durante las
primeras semanas se enmascaran con representaciones de jóvenes y
ancianos, haciéndose al término muy frecuentes representaciones de
animales, plantas, pájaros, etc.
Finalizada la celebración las máscaras se destruyen contra un árbol
o se las quema o se las arroja al río dado que un objeto potente de
sacralidad no puede ni debe profanarse; el romperlas, quemarlas o
arrojarlas al río significa purificación.
Actualmente este tallado artístico en madera de yuchán es un medio
comercial para algunas etnias o de la misma tribu chané de otras zonas,
pero no así entre los chané de Tuyunti que las hacen para mantener y
renovar su cultura, librando por un breve tiempo a Aña de su cautiverio
en la panza del palo borracho.
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