Nos tocó convivir con un tiempo de hombres creativos: Luther King, Che
Guevara, John Kennedy, Víctor Jara; nos trasmitieron el sentido de la
justicia, el valor de los sentimientos, la maravillosa aventura de
pensar con la propia cabeza.
Ayer me preguntaba por nuestra amiga Libertad, aquella pequeñita que
un día encontraste en una playa del país, no me acuerdo si era Santa
Teresita o Mar del Tuyu, me acuerdo todavía cuando la presentaste a tus
padres. Era
vivaracha y quemadita por el sol de febrero. ¿Donde vive Libertad?
¿Es verdad que la mataron durante la dictadura? Dicen que la torturaron y su cuerpo desapareció en el Río de la Plata.
Me cuesta pensar que se murieron sus sueños. ¿Y si vive? ¿estará filosofando sobre la fragilidad de las cosas
y el sentido de la vida?..
¿Que fue de Susanita? ¿Se casó? ¿Pudo realizar su vocación de ser
madre? La imagino viviendo en alguna ciudad de la provincia, paseando
del brazo del marido (un hombre bajo y calvo) en una tarde de verano,
contenta con sus hijos y cuidando el primer nieto, realizada como
tantas comunes mujeres latinoamericanas...
Supe de Manolito, que perdió sus ahorros durante el corralito y no
soportó tanta crisis. Los últimos días lo vieron cabizbajo, murmurando
palabras incoherentes, abandonado como un mendigo en la estación
Retiro, triste y abatido como tantos argentinos.
Sé que Felipe vive en La Habana, que probó con el cine, que tiene un
taxi y que habla a los turistas de Fidel y de la revolución con el
mismo entusiasmo de cuando vivía en Buenos Aires.
A Guille, tu hermano, lo escuché tocar, hace poco, en la Scala de
Milano.Vive en Ginebra, nunca se arrepiente de haber emigrado en los
últimos años de Alfonsín, me contó que es feliz con su nueva pareja.
Y vos, querida amiga, ¿como estás? Hace tanto tiempo que no tengo
noticias tuyas. Sé, por otros, que seguís escuchando la radio, que lees
los diarios del mundo, que te duele el Irak como te dolía Vietnam, sé
que trabajas para
la FAO por los pueblos del hambre, que estás indignada por la
prepotencia de Bush. Me llegó tu pedido para juntar medicinas para los
Médicos sin Fronteras, sé que siguen las reuniones en tu casa de París,
que estás confundida, inquieta y preocupada por el futuro del mundo.
En fin, Mafalda, sé lo suficiente como para saber que seguís viva, viva en el alma, niña como siempre.
De parte mía sigo escribiendo siempre, renegando porqué me falta
tiempo; creyendo, como siempre, en el valor de la sinceridad, perdiendo
oportunidades por manifestar mis ideas. Algunos días estoy triste y
deprimido, pero puede siempre más la alegría que la tristeza.
El mundo no mejoró mucho de cuando vivíamos en nuestra Argentina. A
veces, cuando miro el globo terráqueo, encuentro tu mirada, pienso en
todos aquellos que lo miran como vos, en los ojos de los que protestan,
de los que
no se conforman, y los que viven en la atmósfera del optimismo y de la
justicia. Esos ojos, junto a los míos, te desean un buen día, querida
amiga, por otros cuarenta años tan intensos y jóvenes como los que has
vivido.
Un beso grande de tu amigo que te quiere como siempre.
Miguelito
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