Reportaje a SUSANA ROTKER acerca de su obra "Cautivas, mujeres sin lugar en nuestra historia".
En la literatura argentina, a la descripción feroz de los malones liderados por indios le sucede un silencio definitivo sobre el destino de las mujeres blancas capturadas. Tampoco hay testimonios directos de las víctimas, como si la ficción y la historia hubieran querido borrar las huellas de un relato -la convivencia entre dos culturas- que no se correspondía con el proyecto de nación blanca alentado por las clases dirigentes durante el siglo XIX. Con esta hipótesis, la crítica literaria Susana Rotker publicó su último libro, Cautivas. Olvidos y memoria en la Argentina (Ariel). Nacida en Venezuela, Rotker es profesora de literatura latinoamericana y directora de posgrado en la Universidad de Rutgers, New Jersey (EE.UU.). Ganó el Premio Casa de las Américas y becas del Social Science Research Council y del Wilson International Center. Uno de los lugares comunes de nuestra literatura es la descripción de los malones. Son escenas infernales, después de las que lo único que se sabe es que las mujeres son tomadas cautivas. Sin embargo, cuando los militares inician la Campaña al Desierto, muchos cuentan que se encuentran con caciques que son hijos de blancas.
¿Cuál es el relato que nos falta?
-Falta exactamente lo que me movió a escribir mi libro: qué pasa con la gente que va del otro lado, con la gente secuestrada, con la que sale de la vida cotidiana por razones ajenas a su voluntad y vive una vida completamente distinta a la de las personas normales, y de la que nadie quiere saber nada después. Es impresionante no saber nada de estas mujeres blancas, la mayoría de la frontera, secuestradas por los indios. Lo que se ha visto por lo general es la tendencia de las sociedades a separar al diferente y no comprenderlo. Pero en este caso se trata de mujeres de la misma sociedad, olvidadas o excluidas por motivos que hay que desentrañar.
¿Qué no se les perdona?
-Que hayan empezado a convivir con el otro, el distinto, y se hayan contagiado de una realidad diferente y hayan tenido hijos mestizos. Esto parece no encajar en un país que tiene un proyecto blanco, que cree y desea que toda su población sea blanca. El deseo no es exclusivo de la Argentina; toda América tuvo un proyecto blanco. Pero impresiona comprobar con qué estrategias se lo llevó adelante aquí.
¿Qué se sabe de esas mujeres de frontera?
-Casi nada. Se trata mayoritariamente de mujeres de sectores populares, en general analfabetas. Cuarteleras que han seguido a los hombres para ayudarlos en los fortines de frontera,
Amado Señor, tú conoces el corazón de tus hijos, y no te quedas indiferente ante el pobre que te suplica, Tú que sabes lo que nos aflige el dolor de unos padres por su niño por la enfermedad de su hijo, hoy te pedimos con toda la fuerza de nuestra FE, con todo el amor de nuestros corazones que sanes a Guillermito hijo de Ricardo Santillán y Malena Soria, por el cual toda la comunidad de Tartagal está orando de manera especial por la enfermedad que lo aqueja.
Señor, a ti que quieres que tengamos vida en abundancia, te pedimos que por el poder del misterio de tu infancia y tu vida oculta en el hogar de Nazaret, sanes a Guillermito a quien tú conoces y amas. Cuida de su cuerpito y de su alma. Pasa tu mano sanadora sobre él para que sienta tu alivio, tus cuidados y se restablezca prontamente, según tu voluntad. Dale Señor también la fuerza a sus Padres Ricardo y Malena para aliviar el dolor de sus almas, para que estén junto a su niño en esta hora. Amén
Nota aparecida en el sitio web Artemisa Noticias enSan Salvador de Jujuy el día 18-10-2006.
Clemencia Galván aprendió a cantar porque es lo que conoció y con lo que se crió en Alto Alegre. Es una bagualera de 64 años que vive sola en el monte pero recorre todo el país con sus coplas.
“Ni reina ni flor hermosa/ vivimos para trabajar/ todo el día madrugando/ vamos en busca del pan”; “conmigo no han de jugar/ conmigo no han de joder/ yo no soy una escoba/ conmigo no han de barrer”. El canto de las copleras fue uno de los momentos más emotivos del acto de apertura del XXI Encuentro Nacional de Mujeres. Clemencia Galván, más conocida como Sacha, fue invitada a cantar de improviso, y allí fue para llenar el palco de grititos alegres con aire a sapucai.
Clemencia, aclara más tarde, es bagualera no coplera. En la baguala las sílabas se alargan casi hasta la extinción. Aprendió a cantar porque es lo que conoció y con lo que se crió en Alto Alegre, Formosa. Hoy se dedica a cantar en peñas que recorren todo el país pero siempre vuelve a Suma’c Pacha (tierra hermosa), comunidad aborigen maimará que está cerca de Tilcara, en Jujuy.
Clemencia tiene 64 años y 8 hijos, que ya están grandes. Hoy vive sola, con su soledad y el monte, algo que ha buscado sin saberlo desde los 7 años, cuando murió su abuela y la sacaron del monte para vivir en la ciudad.
Ayer, 9 de Junio de 2010 justo en el mismo lugar que un dia te conocí Sacha, me enteré de tu muerte, sucedida el año pasado. Publico en el inicio de nuevo esta nota de una conversación que tuvimos en mi casa el dia 22 de agosto del año 2000. Despues investigando la noticia de tu fallecimiento me encuentro con que habías sido una ¡Gran Bagualera!. Amiga Dios seguramente te tiene hoy a su lado!
“Yo vivía con mi abuelita en Alto Alegre, un
paraje perdido en el monte chaqueño, era muy pequeña –recuerdo – pero ya sentía
la inquietud por eso que llamaban “leer y escribir”.
Yo escuchaba hablar de los “certificados” de
la venta de animales que mi abuelita le dictaba a mi tío, ella le decía lo que
tenía que decir ahí en eso que llamaban así, “Certificado”. Escuchar y ver cómo
mi tío escribía en un papel para era algo maravilloso, porque era una cosa que
no veía todos los días, apenas una o dos veces al año cuando se hacía una venta
de animales. Ese Tío era la única persona que sabía leer y escribir en esa casa
y también en el pueblo.
“Escribir” ¿qué era eso para mi, una niña
del monte de cinco años? Escribir, era dibujar signos raros, una cuestión que a
los siete años aprendí a realizar y por mis propios medios, pero no se lo podía
decir a nadie porque contarlo
significaba que me pegaran unos azotes porque decían que mentía.
_ ¡Chinita
mentirosa, eso no se hace, no se miente, el día de mañana cuando seas grande
nadie te va a creer! –
Se nos fue
Mercedes Sosa… se nos fue La Negra, tucumana, mundana ciudadana del mundo,
comprometida… argentina.
Era allá por
los ´70 cuando nuestra Argentina a la luz del día respiraba vientos de cambio y
en los sótanos resollaba el odio urdiendo el plan siniestro que luego
prolijamente ejecutarían… aquí en Tartagal inauguraba la UNS a. una Sede
Regional para que los hijos del norte que no podían seguir un estudio afuera,
tuvieran la oportunidad de acceder a un título universitario. Inauguró en
Humanidades con la carrera de Antropología, y Social –no la de las tumbas y los
huesos, la que husmea entre la muerte. NO, era la antropología de la vida, la
que nos abría la cabeza para comprender quienes somos y donde estábamos
parados..
Era un
tiempo lindo, los vientos de cambio soplaban fuerte despabilando la abulia del
pueblo como siempre, como hasta ahora ultrajado por los oportunistas, chorros y
aprovechadores, mientras en las calles resonaba el bombo peronista ventilando
la fratricida interna peronista que llevaría al desquicio del país.
Sí, pese a
todo eran tiempos lindos de participación social de viernes de peñas
folclóricas donde aprendimos a conocer y escuchar a La Negra, como
confianzudamente la llamábamos los estudiantes… a ella con su voz incomparable
cantando esas letras que a todos nos llegaban entibiando el alma, atizando los
ideales. Ella, La Negra se nos metía de lleno en el pecho, en la la lucha en el
compromiso cantándole a la gente con su Canción con todos, Cuando tenga la
tierra, y aquel Gracias a la Vida, patrimonio de la vida toda de todos…
Aquellas canciones con las que nos amanecíamos discutiendo de política y de
cambio del país que sentíamos estábamos haciendo, siendo parte. Sí, nos
amanecíamos haciéndole coro a grito a viva voz porque en este rincón por
entonces verde,nos sentíamos parte de
ese proyecto de cambio, de la nueva patria que creíamos se estaba gestando, porque
creímos seriamente que no era un sueño construir un mundo más justo, más
equitativo.
Y tan fuerte fue el mandato que a cuarenta
años muchos seguimos poniendo el cuerpo en la trinchera, recibiendo la metralla
que aun no puede matar los ideales.
Sí, en
aquellos ´70 cantábamos, cantábamos a viva voz porque el río sonaba fuerte,
cantábamos por el pueblo pobre porque éramos jóvenes que tenían ideales,
compromisos, sueños. Cantábamos con La Negra que desde el LP vinílico le
cantaba su homenaje a Violeta Parra ¿Cómo olvidarte Negra querida si
compartiste nuestros mejores sueños? tantas nochesm tantas alegrías y
tristezas, tanto tinto corriendo por el alma por las calles…
¿Cómo olvidarte si seguiré cantando por tu
voz hasta mi muerte cuando se apague en las cenizas de esta llama de amor hacia
mi tierra que me quema, amor que vos aventaste a ventarrones?
NO, no te irás jamás, seguirás cantando en
millones de voces de mil colores y miles de lenguas, como entonces cuando aquel
hombre de Israel que de Argentina sólo conocía tu nombre.
Seguirás eternamente porque tu voz es Agua de
Vida que nutre mi alma, que alimenta la tierra que desde hoy abonará tu cuerpo.
Esta es la Historia de una madre wichí a la que le robaron su hijo
En este 19 de Abril, Día del Aborigen les contamos la historia desgarradora de Marina Delgado, una aborigen wichí a quien le arrebataran su hijo al nacer hace veintisiete años, tiempo en el cual no cesó su búsqueda de la Verdad la que encontró aunque no puede contarla a su hijo, hoy un profesional de familia acomodada residente en Salta Capital.
Elegimos la historia de Marina porque ella es el símbolo de tantas otras marinas madres indígenas a las cuales les arrebataron todo, pero por sobre todo la palabra, la luz de su Verdad, de su realidad que permanece a oscuras pese a que el caso está hace años en la Justicia. Reproducimos la entrevista que tuvimos con ella.
"Me llamo Marina Delgado, soy wichí, clase 44. Mi casa son 4 chapas que el año pasado me ha regalado la muni, así que con eso nomá me tapo… son cortitas, alcanzan para una camita nomá.
Margarita del Carmen Puch de Güemes. Morir por Amor
Esposa de Martín Miguel de Güemes. Nació en Salta el 21 de febrero de 1797 y era hija de Domingo Puch y Dorotea Velarde. Su matrimonio con Güemes obedeció, según el historiador salteño Bernardo Frias, a una gestión realizada por la hermana de aquél, la famosa Macacha, como consecuencia de la ruptura del compromiso con Juana Manuela Saravia. El padre de ésta había exigido a Güemes que cortase sus relaciones con una señora jujeña residente en Salta, pero, ante la negativa del entonces coronel del ejército patriota de desterrar a la dama en cuestión, la boda quedó desecha. "No pasó la semana -dice Frías- sin que , merced a la sagacidad diplomática de su hermana, doña Magdalena Güemes, se compusiera el matrimonio con otra joven, doña Carmen Puch. Era la mujer más bella de su tiempo; de color blanco, de cabello rubio y abundante crespo; sus ojos azul profundo, su estatura más bien baja, tenía una bondad tan elevada como su hermosura... Era la única hija mujer de D. Domungo Puch, afincado español de notable fortuna, que figuraba, desde 1810, al lado de la revolución...". El matrimonio se celebró dos meses después de haber asumido Güemes la gobernación de Salta, en julio de 1815. Tuvieron tres hijos: Martín del Milagro, que fue gobernador de Salta, Luis e Ignacio, fallecido en la infacia.
El final de Carmen ha sido referido por Juana Manuela Gorriti con conmovedoras palabras. Relata que se encontraba en Horcones, la hacienda paterna, cuando conoció a Carmen, que recibió allí la noticia de la muerte del héroe, ocurrida el 17 de junio de 1821. Su dolor fue inmenso, a tal extremo que buscó la muerte, declarando que no quería vivir más sin su Martín. "Y sin escuchar a su padre si a sus hermanos, que la rodeaban llorando -escribe-, cortó su espléndida cabellera, cubrióse con un largo velo, postróse en tierra en el sitio más oscuro de su habilitación, y allí permaneció hasta su muerte, inmóvil, muda, insensible al llanto inconsolable de su anciano padre, a las caricias de sus hermanos, que la idolatraban, a los ruegos de sus amigos y a los homenajes del mundo; alzando sólo de vez en cuando su luctuoso velo para besar a sus hijos, cual una sombra que, apartando la niebla de la elecricidad, volviera un momento a la tierra, atraída por el amor maternal". Pocos meses sobrevivió a su marido, pués murió a principios de 1822.
"Diccionario Biográfico de Mujeres Argentina", de Lily Sosa de Newton.
Cuentan los wichis matacos que en el tiempo primario en la tierra solamente existían hombres y las mujeres por entonces habitaban en el cielo y desde allí bajaban a la tierra en sogas de cháguar. Se ve que esta planta amiga - chuchaj- está unida al alma de las mujeres desde que los dioses crearon a la mujer.
Ellos acostumbraban a usar sus flechas para cazar los tuco-tucos que era un animal pequeño que vivía dentro de la tierra.
Salía a cazar y luego se los comían asados. Cuando habían asado mucho los guardaban en sus improvisadas despensas de enramadas. Después de nuevo se iban a cazar otra vez.
Un día dejaron a Ele -el loro - para que cuide sus provisiones. Cuando los cazadores se fueron, las mujeres que habitaban en el cielo bajaron en sogas de chaguar y pillamente se comieron toda la carne guardada. Entonces Elé comenzó a chillar y a contó lo que había pasado.
- ¡Fueron las mujeres!... ¡fueron las mujeres!, chillaba... ¡ellas se comieron todo el asado!, gritaba.
Entonces las mujeres enseguida volvieron rápido al cielo con las sogas por las cuales habían bajado. Los cazadores se enojaron mucho con Elé, por ser tan mal cuidador, y lo despidieron, luego en su lugar designaron a Ajlík, la iguana para cuidar la carne.
Ajlík, la iguana era muy astuta, se quedó a vigilar oculta tras un árbol. A eso del mediodía las mujeres comenzaron de nuevo a bajar del cielo; bajaban riendo de las pillerías que les hacían a los hombres. Fueron directo al lugar donde estaba la carne asada, alcanzaron la tierra y enseguida comenzaron a guardar el asado en sus yicas hasta llenarla totalmente.
La Iguana entonces comenzó a lanzar flechas a las cuerdas con la cuales las mujeres se descolgaban del cielo, así lo hizo hasta que logró cortarlas, entonces todas las mujeres se cayeron y desde entonces permanecieron, aquí abajo en la tierra.
Desde entonces ya había mujeres en la tierra. Okinawo, el pequeño halcón, gritó en voz bien alta para que los cazadores vuelvan. Los que volvieron primero recibieron una mujer buena, hermosa; los que vinieron más tarde se quedaron con las mujeres feas. Ijlío, el armadillo, vino al final y ya no había mujeres a la izquierda, pero el comenzó a cavar adonde habían caído, porque algunas de ellas habían caído bajo tierra. Como el armadillo tenía uñas largas; él cavó a la derecha donde estaba una de las mujeres, quitando sus ojos de ella dijo: “no importa si ella está ciega; ella será para mi, me pertenecerá” y así hasta el armadillo tuvo su pareja...
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